
El proceso de valoración del ser humano incluye una compleja serie de condiciones intelectuales y afectivas que suponen: la toma de decisiones, la estimación y la actuación. Las personas valoran al preferir, al estimar, al elegir unas cosas en lugar de otras, al formular metas y propósitos personales. Las valoraciones se expresan mediante creencias, intereses, sentimientos, convicciones, actitudes, juicios de valor y acciones. Desde el punto de vista ético, la importancia del proceso de valoración deriva de su fuerza orientadora de una moral autónoma del ser humano.
El aprendizaje de conductas se produce siempre, según esta teoría, en un marco social. Esto implica que, además de aprender las normas de conducta por medio de las reacciones que los demás tienen ante sus actos, los niños adquieren los modelos de comportamiento adecuados por observación, viendo a los otros actuar. Este último medio de aprendizaje se ha llamado también imitación o modelado, ya que los niños copian el comportamiento de aquellas personas que, por su aceptación social, lugar importante en su mundo, etc., se convierten en modelos de conducta apropiada.
Existiría una evolución en el desarrollo de la conducta y el pensamiento moral. Los niños comenzarían controlando su conducta por las sanciones externas, premios o castigos, y completarían su desarrollo moral cuando el control fuera interno y los llevara a una conducta altruista y al cumplimiento de los valores morales.
En este sentido, "el desarrollo moral es el aprendizaje de la conducta socialmente aceptable y la adquisición e internalización [interiorización] de las normas y valores transmitidos por las personas que rodean al niño en sus diferentes ambientes".
Marchesi, A., "El desarrollo moral", en id. (comp.) Psicología Evolutiva, vol.2, Madrid, Alianza, pág. 358
Estrategias Creativas para la Educación en Valores de Niños y Niñas en Primaria
Las cosas que importan a una sociedad en un determinado tiempo, se llaman valores, porque valen, es preciso defenderlos, y enseñárselos a las personas, principalmente a los niños y niñas, para lograr el modelo social deseado. Los valores se enseñan a través de las actitudes políticas de los gobernantes, en la escuela, en los medios masivos de comunicación, en el seno de las familias.

ESTRATEGIAS PARA DESARROLLAR LOS VALORES
Sugiere que el papel del docente en el ejercicio de estas estrategias ha de basarse en las siguientes cualidades:
1. Se debe tener autenticidad, coincidiendo lo que se dice con lo que se hace.
2. Competencia para afrontar situaciones conflictivas en el aula. Para ello, es básico que el profesor se forme previamente en las estrategias de regulación de los conflictos.
3. Aceptación desde un primer momento, como personas dignas de todo respeto y consideración.
4. Comprensión y confianza. Son cualidades muy dependientes; el docente deberá ser capaz de comprender el mundo infantil y la confianza hacia sus alumnos será la consecuencia más inmediata de este proceso.
5. Estímulo recíproco entre alumnos–profesores, en las diferentes y numerosas experiencias didácticas.
6. Trabajo cooperativos que favorezcan las relaciones entre diferentes personas, ayudando a eliminar posibles estereotipos previos.
7. Es necesario dar el ejemplo con actos y palabras para que los niños los asimilen, los imiten y los vivan.
8. Se debe tomar en cuenta las actitudes positivas para desarrollar la parte integral del alumno.
Cuando el alumno recibe educación en valores puede llegar a ser:
Ser un comunicador competente que maneje las habilidades de pensamiento y de dominio del lenguaje que le permitan expresar con claridad sus acuerdos o desacuerdos respecto de determinados valores y regulaciones; que aporte argumentos consistentes para apoyar su posición y tenga la capacidad para interpretar las razones expuestas por otros.
El alumno, cuando opte por sus valores, debe tener acceso a información pertinente, suficiente y significativa. Como crítico y creador de cultura, el docente ha de adquirir habilidades de pensamiento básicas y complejas, así como disposiciones sentimentales favorables a los valores.
Cuentos para trabajar con los chicos
LA LIEBRE Y LA TORTUGA
Cierto día una liebre se burlaba de las cortas patas y la lentitud al caminar de una tortuga. Pero ésta, riéndose, le replicó: «Puede que seas veloz como el viento, pero en una competición yo te ganaría». La liebre, totalmente segura de que aquello era imposible, aceptó el reto, y propusieron a la zorra que señalara el camino y la meta.
Llegado el día de la carrera, emprendieron ambas la marcha al mismo tiempo. La tortuga en ningún momento dejó de caminar y, a su paso lento pero constante, avanzaba tranquila hacia la meta. En cambio, la liebre, que a ratos se echaba a descansar en el camino, se quedó dormida. Cuando despertó, y moviéndose lo más veloz que pudo, vio como la tortuga había llegado tranquilamente al final y obtenido la victoria.
Con constancia y paciencia, aunque a veces parezcamos lentos, obtendremos siempre el éxito.
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